HistoriaNoticias

Julio Antonio Mella consagró su primavera

Mella en menos de una década trazó un legado imborrable para las causas estudiantiles: el regreso a la semilla martiana en medio de la República convertida en la negación del principio «Con todos y para el bien de todos»

Sus asesinos cumplieron el propósito, aterrados. Le dispararon por la espalda, para escapar de la condena en el rostro de aquel hombre, en su mirada penetrante en la injusticia y capaz de guiar, a través de la lucha, el sueño de reinventar la vida.

Detuvieron su reloj dos meses antes de cruzar la puerta de los 26 años. Entonces su juventud se hizo eterna. 

En menos de una década trazó un legado imborrable para las causas estudiantiles: el regreso a la semilla martiana en medio de la República convertida en la negación del principio «Con todos y para el bien de todos», y la aplicación creativa del marxismo leninismo en las condiciones de Cuba y América.

Mella consolidó en la educación superior un motor revolucionario desde las páginas de la revista Alma Mater, creada en 1921; en la Federación Estudiantil Universitaria, surgida un año más tarde; en el primer Congreso Nacional de Estudiantes, en 1923; hizo mucho por integrar el estudiantado con la clase obrera en sus combates y su superación intelectual en la Universidad Popular José Martí.

¿Aprovechamos nuestro tiempo? Parece interrogarnos, cuando fundó, a sus 22 primaveras, el Partido Comunista, junto a Carlos Baliño.

Expulsado de la casa de altos estudios por su rebeldía, declarado en huelga de hambre, sancionado y separado de la organización partidista por esa actitud, decidió proseguir su batallar en México porque, recordaría Pablo de la Torriente Brau, «tomó (…) la decisión inflexible de servir a la idea de la justicia, y a ella se entregó con el ímpetu y la constancia que solo le es dable alcanzar a los grandes».

Constituyó, en México, la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos, en 1928, y organizó una expedición frustrada a la Mayor de las Antillas, con el aseguramiento de un alijo de armas. Fue miembro del Buró Político del Partido Comunista de ese país y colaboró con la Internacional en el continente.

Cuando las balas lo asaltaron por la espalda, cobardemente, le confesó a su amada, Tina Modotti: «Muero por la Revolución».

Mella vive en la Revolución, desde ese día.

Informaciones relacionadas

Mella, ejemplo que trasciende en el tiempo

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba