
Por Tairis Montano Ajete
Noemí Balmaseda entró a la radio por la puerta pequeña, la de “La escuelita al aire”, cuando apenas era estudiante y se acercó al micrófono con más curiosidad que experiencia. Allí aprendió que la radio no era solo técnica ni guión: era compañía, identidad, era historia compartida. Desde entonces, su voz se quedó, primero en programas estudiantiles, luego en espacios que se volvieron parte de la rutina diaria de Sandino.
Con el tiempo, se convirtió en locutora, directora de programas y guionista. Su sello está en espacios como “Marcando la diferencia” y “Entérese”, donde la actualidad se transforma en conversación criolla, en relato cotidiano. Noemí no habla como periodista distante: habla como vecina, como amiga, como mujer que sabe que la radio es compañía.
La comunidad la reconoció pronto, y los premios confirmaron lo que su pueblo ya sabía:
– El Premio Nacional de Periodismo “Arturo Buliés” por la Obra del Año, que celebró su capacidad de narrar lo cotidiano
– El Premio de Periodismo “Edmundo Alemany Poch” por la Obra de la Vida, que consagró su voz como parte de la historia radial pinareña.
– Distinciones de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), que la eligió como delegada en su Congreso.
– Reconocimientos provinciales y nacionales que la colocaron como referente del periodismo comunitario.
– Y junto con la entrega de la Medalla por la Obra de la Vida, recibió tres premios en el Festival Provincial de la Radio, confirmando que su talento no solo es histórico, sino vigente y vibrante.
Se jubiló, sí, pero volvió; porque hay voces que no se apagan. Su reincorporación fue natural: la emisora la necesitaba, la gente la pedía. Y ella regresó con la misma frescura de siempre, con la certeza de que aún tenía algo que dar.
En “Marcando la diferencia” abre el micrófono y deja que la comunidad se escuche a sí misma. En “Entérese”, convierte la noticia en relato humano, en diálogo cercano. Sus programas son ventanas abiertas a la vida cotidiana, espacios donde la idiosincrasia se vuelve protagonista.
Hoy, con casi cuatro décadas de labor, Noemí Balmaseda sigue siendo símbolo de identidad e historia. Su voz acompaña al campesino en la faena, a la madre en la cocina, al niño que hace la tarea. Es la voz criolla que vuelve siempre, la que marca la diferencia, la que convierte la radio en un acto de fe en la verdad y en la gente.
Noemí no necesita ser imaginada: basta verla en acción. En la emisora, revisando un guión con lápiz en mano, ajustando palabras para que suenen más cercanas. En la cabina, con los auriculares puestos, modulando la voz para que llegue clara y cálida. En la calle, saludada por vecinos que le agradecen haber estado con ellos en las noches de ciclón. En el mercado, donde alguien le dice que escuchó su programa y que gracias a ella se enteró de lo que pasaba. Esa es su verdadera historia: la de una mujer que convirtió la radio en parte de la idiosincrasia de su pueblo, y que sigue, con voz firme y criolla, marcando la diferencia.





