Con valor y dignidad, ¡la Patria se defiende!

Por Raisa Díaz Miranda
Por estos días cuando el Imperio paupérrimo pretende hacer de las suyas, los cubanos nos unimos para la celebración del Día Internacional de los trabajadores.
A pesar de escaseces, maniobras malsanas, injurias que aparecen por doquier, la vorágine del Primero de Mayo impone su lugar frente a la insolencia de quien adolece de lealtades y amor al prójimo.
Tal vez Goliat nunca piensa que David pueda vencer, pero un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un Ejército.
En este primero de mayo Cuba vibra. ¡Cuánta magnificencia! Una vez más el vecino del norte, revuelto y brutal, miope y farandulero, no aprende que entre pilares inquebrantables no hay cabida para el sosiego altanero y petulante. Para los cruentos ideales no hay reverberación posible. Ante tanta ignominia la franqueza innegable del cubano valiente no entiende de fatuas promesas.
La política imperial intenta asfixiar a nuestro país. ¡Cuánto atrevimiento! José Martí lo alertó cuando en su verbo claro atestiguaba los desmanes del imperio: «Viví en el monstruo y le conozco sus entrañas.»
No importan las amenazas, Cuba no está sola, por su estigma de entereza y solidaridad el mundo la acompaña. Sus hijos perpetúan la gloria alcanzada.
El juramento está hecho: ¡Vencer o morir! Las calles vestidas de los colores de la bandera cubana: rojo, azul y blanco brillan más que nunca. Para quien intente someternos no hay cabida. Con valor y dignidad, ¡la Patria se defiende!
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