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La deuda como fractura 

Pagar las deudas no es un acto administrativo menor: es el sostén de la confianza en la economía. En Cuba, el Código de Procesos (Ley 141/2021) establece en su Artículo 310 que los contratos generan obligaciones exigibles, y en el Artículo 340 se prevé la aplicación de medidas cautelares como el embargo de cuentas bancarias, la retención de bienes y la ejecución forzosa para quienes incumplen. El Decreto-Ley 304/2012 sobre contratación económica refuerza que el contrato es ley entre las partes, y su incumplimiento acarrea responsabilidad patrimonial.

Sin embargo, como advierte Pedro Hortelas Valdés, especialista principal del Grupo Sandino de la Empresa Provincial de Asuntos Legales, a veces las unidades presupuestadas actúan como si estuvieran por encima de la ley, dejando de pagar a las MIPYMES y a los trabajadores por cuenta propia (TCP). Esa práctica es un error grave: invisibiliza a estos actores como sujetos de derechos contractuales y erosiona la confianza en el sistema económico. No pagarles equivale a negarles su condición de parte legítima en la relación contractual.

La deuda como síntoma

Arrastrar deudas es más que un problema contable: es un signo de desorden y falta de planificación. En una economía que se sustenta en la previsión, la deuda impaga es una grieta que amenaza con expandirse. Cada factura no saldada es una piedra en el camino de la producción, un obstáculo para la innovación, un golpe a la credibilidad.

La ley como advertencia

La legislación es clara: el incumplimiento abre la puerta a medidas cautelares severas. El Artículo 340 de la Ley 141 permite el embargo preventivo de cuentas y bienes, y el Artículo 310 establece la ejecución forzosa de las obligaciones. Estas disposiciones no son adornos: son recordatorios de que la economía no puede sostenerse sobre la impunidad del incumplimiento.

El llamado

Planificar es prever, ordenar, anticipar. No hacerlo es condenarse al caos. Pagar a tiempo no es una opción: es una obligación moral, económica y legal. Las unidades presupuestadas que no cumplen con las MIPYMES y TCP dinamitan la confianza en el sistema, y sin confianza no hay contrato posible, no hay economía que resista. La deuda no es un número, es una herida. Y la única manera de cerrarla es con disciplina, planificación y respeto a la ley.

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