Ciudad Sandino, a 62 años de fundada

Por Luis Calderón Canals
Hoy se celebra el aniversario 62 de la fundación de Ciudad Sandino, hecho que marcó un antes y un después en la geografía de Pinar del Río y en la vida de miles de personas. Se trata de una obra indiscutible de la Revolución, llamada a continuar acaparando la atención de nacionales y extranjeros.
No desconocemos los problemas actuales, pero somos conscientes de que no basta con haber llegado hasta aquí; se precisa continuar avanzando. Eso implica asumir el desarrollo de esta comunidad como algo que nos atañe y reclama el esfuerzo sostenido de todos cada día; de lo contrario, debemos resignarnos a vivir de buenos recuerdos.
Aquel día en que fueron entregadas las primeras viviendas, este pedazo de tierra antes olvidado se convirtió en una floreciente comunidad donde se mezclaron culturas y personas, tradiciones y propósitos para dar origen a lo sandinense: una nueva forma de pensar, sentir y actuar al compás de la obra revolucionaria. Campesinos, profesionales, villareños, matanceros, pinareños, camagüeyanos, todos confluyeron en busca de bienestar y felicidad.
Conformarnos con lo hecho sería condenarnos al estancamiento, renunciar a sueños y aspiraciones amasados durante años. Significaría también renunciar al pasado floreciente que vivimos antes del Período Especial, cuando éramos una comunidad modelo reconocida a nivel nacional por su limpieza, organización y servicios. Sobreponerse a las dificultades es cuestión de hombres y mujeres conscientes. Empeñarse en vivir en un ambiente más limpio, bello y funcional es aspiración de quienes asumen el desarrollo como algo necesario. Hoy estamos llamados a lograrlo por nosotros mismos y por nuestros hijos.
Escuchamos a diario criterios negativos sobre la situación actual: problemas objetivos como calles, aceras, acumulación de desechos sólidos y deterioro de edificaciones, pero también aspectos subjetivos como disciplina, organización de masas, calidad de los servicios y relaciones interpersonales. Nadie piense que estos problemas pueden resolverse desde fuera; nos toca a los sandinenses enfrentar este desafío.
Motivos hay para sentirse satisfecho, pero también insatisfacciones. Más que echarle la culpa a los demás, vale preguntarnos críticamente qué hemos dejado de hacer y proponernos ser activos participantes en un cambio imprescindible donde las autoridades locales están llamadas a desempeñar un rol esencial.
Pero no se trata de hacer por hacer: todo debe ser bien pensado, decidido y ejecutado, sin improvisación. Convocar al pueblo sandinense a lograr este cambio es el punto de partida. El secreto está en la unidad de esfuerzos, la disciplina, el respeto, la acción resuelta, el control y la exigencia. Ciudad Sandino y su pueblo bien se lo merecen.





