
Por Tairis Montano Ajete
En su consulta, la doctora Roxana Álvarez Gutiérrez, especialista en Pediatría del área Manuel Lazo en el municipio de Sandino, habla de los errores más comunes de los padres: la sobreprotección, la autoridad rígida, la desconexión emocional y la alimentación inadecuada. Con voz serena, recuerda que criar no es solo alimentar y mandar, sino un equilibrio entre afecto y disciplina, entre nutrición y juego, entre dejar crecer y acompañar.
Acababa de terminar la consulta y aún tenía en sus manos la libreta donde apuntaba las recomendaciones para los padres. La doctora Roxana suspiró, miró a la ventana y dijo con voz pausada que los errores más comunes de los padres no son por falta de amor, sino por exceso o por desconexión. Narraba cómo muchos, en su afán de cuidar, terminan sobreprotegiendo, y repetía que el niño necesita caerse para aprender a levantarse. Añadía que la autoridad mal dirigida, basada en gritos o imposiciones no construye respeto, sino miedo. Recordaba también casos de pequeños que no tenían reglas claras en el juego y afirmaba que el límite no es cárcel, es brújula, mientras relataba cómo los niños que carecen de normas suelen sentirse inseguros y desbordados.
La doctora se detuvo un instante, como si pensara en alguna historia reciente, y dijo que la desconexión padre-hijo es más dañina que cualquier comida chatarra, porque un abrazo sincero puede ser más nutritivo que un plato lleno de vitaminas. Con firmeza señaló otro error: el abuso de frituras y alimentos ultraprocesados. «No es que un niño no pueda probar una golosina, pero si la rutina es comida chatarra, estamos hipotecando su salud futura», comentó.
Al hablar de las rabietas, su tono se volvió sereno: no se trata de apagar el llanto con premios ni de castigarlo con indiferencia, sino de acompañar la emoción, mostrar calma y enseñar que la frustración también se gestiona. Sobre la alimentación insistió en que los carbohidratos deben ser de calidad, como arroz integral, avena y legumbres, porque el exceso de azúcares y harinas refinadas no solo afecta el cuerpo, también altera el comportamiento.
En su consulta, Roxana observa otros errores frecuentes: padres que no escuchan o minimizan emociones, niños atrapados en pantallas con problemas de sueño y atención, comparaciones constantes que hieren la autoestima, reglas que cambian según el humor del adulto, presencia física sin conexión emocional, castigos humillantes que dejan cicatrices invisibles y la costumbre de hacer todo por el niño, impidiéndole aprender de sus errores.
La doctora cerró la libreta y concluyó que criar no es solo alimentar y mandar, sino un equilibrio entre límites y afecto, entre nutrición y juego. «Los padres deben recordar que el verdadero crecimiento ocurre cuando el niño se siente amado, acompañado y capaz de enfrentar la vida», dijo. Sus palabras, más que consejos técnicos, se convierten en un relato de dilemas cotidianos: entre proteger y dejar crecer, entre dar y enseñar a buscar, entre cuidar la salud y cultivar la confianza.





