Egoísmo y consumismo, frenos al bienestar colectivo

En un contexto donde la solidaridad y la comunidad deberían ser nuestros pilares, hemos visto cómo el egoísmo se ha convertido en una actitud común. Muchos han optado por priorizar sus intereses personales sobre el bienestar colectivo. Este fenómeno no solo erosiona los lazos comunitarios, sino que también debilita nuestra capacidad de enfrentar juntos los desafíos que nos presenta la realidad cubana. La historia de nuestro país nos ha enseñado que la unión es nuestra mayor fortaleza; es momento de recordar que solo juntos podemos avanzar.
El individualismo, por su parte, se ha vuelto una filosofía de vida para muchos. En lugar de trabajar en conjunto por el bien común, se ha normalizado el «sálvese quien pueda». Esta mentalidad no solo afecta nuestras relaciones interpersonales, sino que también impacta en nuestra capacidad de movilizarnos como sociedad ante problemas comunes. La cultura de la colaboración y el apoyo mutuo es fundamental para construir un futuro más próspero y solidario.
El consumismo, impulsado por una cultura que valora lo material sobre lo humano, ha dejado una huella profunda en nuestra sociedad. Promover un estilo de vida basado en el consumo desmedido no solo agota nuestros recursos, sino que también desvía la atención de lo realmente importante: nuestras relaciones, nuestra cultura y nuestro entorno. Debemos fomentar una cultura de sostenibilidad y responsabilidad, donde el valor no se mida en bienes materiales, sino en el impacto positivo que generamos en la comunidad.
La sumisión ante estructuras de poder que promueven estos valores egoístas debe ser cuestionada. Es fundamental que cada uno de nosotros asuma un papel activo en la construcción de una sociedad más justa y equitativa. No podemos permitir que el miedo o la apatía nos paralicen. La participación ciudadana es clave para construir un futuro donde primen la solidaridad y el respeto mutuo.
Rechacemos entonces estas manifestaciones negativas que amenazan con dividirnos y debilitarnos como sociedad. Debemos abogar por una Cuba donde la empatía, la colaboración y el sentido de comunidad sean los motores de nuestro desarrollo. Solo así podremos construir un país más fuerte y unido para las generaciones venideras.





