Fidel y las ideas

Por Luis Calderón Canals
La genialidad estratégica de Fidel no residió en yuxtaponer doctrinas, sino en realizar una síntesis dialéctica donde el marxismo-leninismo aportó el método científico de interpretación de la realidad (la lucha de clases, el imperialismo como fase superior del capitalismo) y el pensamiento martiano, la esencia ética, la identidad nacional y el catalizador emocional de las masas.
Fidel no solo reivindicó a Martí como «Autor Intelectual» del Moncada, sino que descifró el Programa de 1930 (de Mella y Guiteras) como el puente orgánico entre el independentismo del XIX y la revolución social del XX. Esa «triada» (Martí-Mella-Fidel) es la que le dio al socialismo cubano un carácter autóctono, evitando el dogmatismo de copiar modelos foráneos.
Fidel convirtió cada discurso en una «clase magistral» de historia y economía política. No se limitó a decretar el marxismo, sino que lo habló en cubano. Al vincular las leyes del materialismo histórico con las experiencias cotidianas del campesinado y el obrero, logró que conceptos abstractos se convirtieran en herramientas de lucha popular. Esa fue su gran victoria cultural: hacer universal la política sin desarraigarla del terruño.
La referencia a la carta de Martí a Mercado es crucial. Fidel entendió que el antiimperialismo no era solo una estrategia geopolítica, sino una postura moral. Al igual que Martí advirtió sobre los «dolores de la anexión», Fidel advirtió sobre los males del neoliberalismo. Esta integración ética es la que le permitió a Cuba resistir el colapso del campo socialista en los años 90; no dependía de un bloque externo, sino de una convicción histórica interna.
El Concepto de Revolución es, sin duda, la piedra angular de su legado teórico, al dejar claro que se trata de tener sentido del momento histórico y cambiar lo que debe ser cambiado sentó las pautas para la actuación futura y al defender valores en los que se cree trasciende la retórica economicista y la devuelve al terreno de la dignidad humana. Esa definición, breve pero profunda, logra resumir siglos de pensamiento cubano en una máxima aplicable al presente y al futuro, porque no depende de un período histórico específico, sino de una actitud ante la injusticia.
En definitiva, Fidel logró que el socialismo fuera legítimamente cubano porque lo vistió con el traje de la historia patria. Esa integración es una indiscutible arma de combate que se convierte en guía para enfrentar las pretensiones hegemónicas actuales, demostrando que la vigencia de su pensamiento está en su capacidad de adaptarse sin perder sus principios esenciales.
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